Archivo mensual: diciembre 2012

CARTAS Y MELANCOLÍA: Welcome back, Mr. Postman

Recuerdo haber visto unas cartas sobre la mesa de noche de mi abuela, hace varias años ya. Mis tíos se las leían y ella escuchaba atenta, reaccionando con el rostro de cuando en vez. Por lo general eran cartas de una de sus hijas que, por vivir en provincia, solo se comunicaba por teléfono, saludos o encargos.

Eran sobres blancos con pequeños rectángulos rojos en diagonal que acomodados uno al lado de otro formaban un marco; además, con estampas o timbres en la parte superior con dibujos de lugares que no conocía. Marcas de sellos, varios sellos, con fechas y cargos, azules y negros, indicaban lo largo que debió haber sido su camino y por las tantas manos que seguramente pasaron antes de llegar con Mamá Rosa, lo que las hacía más atractivas y definía su estética. La imagen sola era cálida, sin duda superior a los sobres nuevecitos, impecables, que se podían conseguir en alguna tienda del barrio. Su desgaste por uso los hacía únicos, y extrañamente se me figuraban como portadores de conocimientos antiguos.

Recuerdo también que en la Primaria me enseñaron a escribir cartas con fórmula y que sus pasos y secuencias me eran difíciles de seguir. Nunca las usé, no hubo oportunidad. Los correos electrónicos nos domeñaron y su difusión terminó por sepultar el uso del servicio postal, reduciéndolo casi exclusivamente al envío de recibos de cobro, notificaciones y encomiendas. Por lo que una melancolía me ha embargado; e hice una prueba, ya les contaré…

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El día que conocí a Mc Francia

Fue hace unos años. Iba de regreso a mi casa tras  haber comprado comida para el almuerzo. Subía por la Av. 200 Millas justo en el cruce con  la Av. Central. Un auto que venía descendiendo se detiene y un hombre gordito y bonachón me pregunta cómo llegar al colegio Juan Velasco. Sabiendo que parte de la calle que lo llevaba directamente estaba en construcción no supe cómo indicarle otro camino. Le dije que continúe bajando toda la Av. 200 Millas y que seguramente virando a la derecha habría una entrada y que el colegio estaría cerca. “Pero por qué no vamos por acá mejor”, dijo una señorita que estaba sentada en el asiento de copiloto, mientras señalaba con el dedo otra calle, aunque angosta. “Sí, por ahí también, mejor que ir hasta abajo”, respondí. Y se fueron sonriendo, despidiéndose con la mano y agradeciendo.

Tuvieron que pasar unos segundos después de esa despedida para atinar a recordar que durante la semana se estuvo anunciando la presentación de Mc Francia, artista urbano. Personaje que tenía las mismas características, estilo y performance. “Mierda- pensé-. He conocido a Mc Francia y lo mandé al desvío”. Sonreí de mi estupidez y continué mi camino. Me resultó inevitable guardar honda impresión de él. Con calle, amable, fresco y alegre, con manejo de sus movimientos y gestos.

Pasaron los meses, años, sin volver a prestarle atención. Un día, quizás no hace mucho, vi que luego de una intervención médica a la pierna, por efecto de la diabetes, Mc Francia se desvanecía y que su rostro y su cuerpo evidenciaban lo grave de su situación.  Pasó poco tiempo también y falleció. Dejándonos recuerdos y sensaciones.

Por mi parte, reconozco sus esfuerzos como artista y ciudadano por difundir la historia de su (nuestro) distrito, Villa El Salvador. Recuerdo con agrado su participación en la producción de la miniserie que sobre nuestra ciudad se hiciera.

¡Hasta siempre, Mc Francia! ¡Que tu villa salvaje, como la llamabas, te reconozca!